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Posted by on Jun 3, 2013 in Materiales de Difusión, Relatos y Crónicas | 0 comments

Mujer y trabajo

 Por Alicia Comelli

El ingreso de la mujer en la vida pública, primero a través del trabajo y más adelante en todas las instancias que la conforman, incluido el político, debió ser acompañado de legislaciones acordes en cada etapa de la historia y en cada rincón del globo. Así, en mi país, la Argentina,  llegó el voto femenino, el cupo, varios artículos específicos en la ley de contrato de trabajo hasta la última de protección integral de la mujer que establece una larga lista de tipos de violencia contra las féminas, que aún hay que reglamentar y crear los protocolos propios para cada una de ellas.Screen Shot 2013-06-02 at 2.43.51 PM

Cada vez que las mujeres, por necesidad económica o de realización personal, deben dejar sus casas generan un vacío en la valiosa función de atención de niños,  ancianos y enfermos al que estaban dedicadas casi en exclusividad en el pasado. Así las cosas son varias las legislaciones que deben adecuarse cuando no cumplirse o ponerse en práctica.

De hecho la ley de contrato de Trabajo en su artículo 179 establece que “en los establecimientos donde preste servicios el número mínimo de trabajadoras que determine la reglamentación, el empleador deberá habilitar salas maternales y guarderías para niños hasta la edad y en las condiciones que oportunamente se establezcan”. Desde mi despacho en el Congreso de la Nación, recuerdo este articulado cada vez que me asomo a la ventana ya que desde el 8º piso puedo ver el patio del jardín maternal donde niños felices, hijos de empleados y agentes de la clamara baja, pasan su jornada diaria.

Por suerte, Diputados no es el único establecimiento  público que cuenta con el beneficio consagrado por ley ya que también hay jardines maternales en el Senado, la Casa de la Moneda e incluso hasta en alguna sede de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Pero en la gran mayoría las salas maternales brillan por su ausencia tanto en la Capital Federal como en el interior del país donde mi provincia lamentablemente no es la excepción.

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Algunos temas ya están legislados y se cumplen, otros son normas y no se cumplen pero aún son muchas las cosas que quedan por hacer. Lo fundamental no se consigue a través del trabajo legislativo sino con el accionar propio de los ciudad

anos. Se trata de un cambio cultural que logre la igualdad de derechos y oportunidades que ya están viviendo las nuevas generaciones y este cambio debe ser plasmado en una nueva legislación.

Los papás jóvenes comparten cada vez más las tareas del hogar y la crianza de los hijos, entonces tenemos que empezar a pensar en una licencia también por paternidad. Hoy, más que crear una legislación para las mamás trabajadoras tenemos que pensar en leyes laborales que satisfagan las nuevas necesidades que se van dando en las familias que cada vez más reparten los roles de manera equitativa.

En esa por ahora imaginable nueva realidad las empresas no pondrían tantas trabas a las mujeres por temor a los embarazos o tendrían cifras equitativas de hombres y mujeres entre sus empleados, porque los beneficios, a excepción de los específicos de parto, post parto y lactancia, alcanzarían a ambos progenitores por igual.

*La autora es legisladora argentina, abogada, especialista en ambiente, género y seguridad.

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