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Posted by on Feb 4, 2013 in Artes Maternales y Paternales, Noticias | 0 comments

¡Si lo llego a saber antes!

Es cierto, nadie nos enseña a ser madre, a ser padre; lo aprendemos por el camino y en él nos encontramos con montañas que no sabemos cómo subir, con mares que tratamos de nadar, con golpes que no podemos encajar o con sorpresas que estamos deseando abrir.

Screen shot 2013-02-04 at 2.14.15 AMLos días se suceden entre nuestros aciertos y nuestros errores sin que podamos parar el tiempo y el ritmo de nuestras vidas, lo que sí nos podemos hacer son preguntas. Me he estado haciendo preguntas acerca  de cómo ha entrado internet y los móviles en nuestro espacio personal y familiar; de cómo nos hemos manejado con estos medios que de repente están en casa y en manos de todo el mundo; y sobre todo de cómo han entrado en las vidas de nuestras hijas e hijos.

¡Si lo llego a saber antes! Eso me decía ayer una amiga cuando le conté el contenido de “Un contrato de iPhone con amor” que Janell Burley  Hofmann le escribe a su hijo de trece años. Yo pensé lo mismo ¡si lo llego a leer antes!

Hace años que entró en casa el primer pc y lo hizo para quedarse, eso sí, siempre en una zona común para poder observar el uso que hacía nuestra hija de él y para guiarles en la entrada a ese mundo. Muchas veces tuvimos que poner los límites y normas cuando se presentaba un problema que de antemano no habíamos previsto: las relaciones en la red, las contraseñas para poder acceder a sus correos, la protección de su intimidad, el trato entre iguales. Los problemas se presentaban a medida que descubríamos hasta donde podían llegar y el vértigo fue tremendo al comprobar que se nos podía ir de las manos. A lo que nuestra generación “conocíamos” como atención integral a nuestros hijos e hijas, teníamos que añadirle la inmersión brusca en este gran mundo.

A nadie se le escapan los beneficios y ventajas que internet nos ha regalado y tampoco los inconvenientes: abuso de horas, contenidos inapropiados, mal uso de redes sociales, peligros al dar información personal, entre otros. Las familias hemos tenido que aprender a convivir con los ordenadores, con los móviles, etc… a la velocidad de un rayo sin ni siquiera darnos cuenta que llegaba la tormenta. Ahora ya sabemos que nuestros hijos e hijas necesitan nuestra guía, nuestras normas y límites. Por eso la carta de Janell nos podrá ayudar a elaborar nuestras propias condiciones para que nuestras criaturas puedan moverse con seguridad en la red sin que esta les atrape.

Aquí les comparto: http://www.huffingtonpost.es/janell-burley-hofmann/a-mi-hijo-de-13-anos-de-p_b_2403273.html

silollegoasaber

Lidia Ramírez

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